Es difícil escribir cuando la motivación no aparece, ¿será un capricho de las musas? No lo creo, es disciplina, porque las costumbres (como la de trabajar constantemente) no cambian con los estados de ánimo, o por lo menos eso creo, pero no lo sé, pues no hay muchas costumbres arraigadas en mi personalidad (cantar, escribir literatura o canciones, escribir textos académicos, escribir en las Redes Sociales, que son las acciones más cotidianas en mi vida, se me presentan en forma de imperiosas necesidades, no como costumbres o como acciones de disciplina). Desde hace meses, me ha sido prácticamente imposible hacerlo, así, mi tesis de doctorado y mis proyectos de cursos o de creación literaria están estancados y requieren salir de ese estancamiento, porque hay que cumplir plazos y continuar procesos, pero no, me resulta imposible hacerlo, así, paso horas muertas frente a la pantalla perdiendo el tiempo.
¿A dónde se va todo ese tiempo? Por desgracia, se ha ido a un exceso de manifestaciones emocionales de mi estado de ánimo, manifestaciones que muchas veces me han traído problemas, por esa razón decidí callar en los espacios en Internet, lo he hecho desde hace casi un mes y hasta el momento en el que este post sea publicado. Los problemas mayores que me han acontecido, tienen que ver con mis muy pocas relaciones personales. Desde hace medio año, prácticamente he desaparecido de los espacios de interacción social que acostumbraba frecuentar, así también, me he alejado de las personas que configuraban mi cotidianidad.
Todos estos hechos están relacionados, evidentemente; el exceso de manifestaciones que mencioné, corresponde a una profunda tristeza que me llena desde hace tiempo. Comencé manifestando a quienes creía que eran los destinatarios adecuados que me sentía solo y triste, pero esos destinatarios no respondieron; ahora bien, lo público de estos espacios tiene riesgos, pues otros destinatarios sí leyeron esos mensajes y muchos de ellos no me conocen en lo personal, por lo que la imagen que se forjaron de mí, es sólo la de esos mensajes (lo que evidentemente es un sesgo). Algunos de estos lectores, en todo su derecho, han realizado juicios sobre mí; hasta ahí todo resulta como suele ser en la vida cibernética, el problema es mi poca capacidad de recepción de los juicios negativos, pues al haberme enterado de muchos de ellos, mi ánimo ha decaído más (sobre todo, porque no recuerdo haberme enterado de algún juicio positivo o por lo menos empático con mi estado de ánimo).
Por lo anterior, mi discurso se tornó más agresivo, mis manifestaciones públicas se convirtieron en quejas de abandono de quienes considero cercanos, pues ninguno de ellos apareció en mis pesquisas de ayuda, quizá porque no me leyeron, quizá por hartazgo de tener en su vida a alguien que se queja tanto, quizá por simple desinterés o quizá, incluso, por estar concentrados en su propia vida. En ese punto, decidí callar, y así lo he hecho, hasta ahora.
Todos estos meses están plagados de un sentimiento de soledad, de abandono (seguramente injusto, pero innegable), y tras mi desaparición, he tratado de buscar el apoyo de unas muy contadas personas, que parecen intentar apoyarme con palabras de aliento, pero también parece que no se sienten en capacidad de hacer más que darme esas palabras (sé que debo agradecerlas, pero no puedo evitar sentir que me gustaría tener algo más que regaños y consejos) y me he convertido en un ser que les exige, por lo que les represento ahora una carga por no dejarme solo.
Aunado a lo anterior, por razones lógicas, he convivido en espacios imposibles de evitar, con personas nuevas y en algunas ocasiones esos espacios se han vuelto cotidianos. Pronto me di cuenta de que todas las personas con las que interactúo en dichos espacios, me rechazaban; esto se volvió difícil por el proceso anterior y me afectó mucho darme cuenta de la percepción tan negativa que se tenía de mí por parte de las personas que recién me estaban conociendo. No he sabido como enfrentar eso, así que he optado por la discreción, por evitar interactuar mucho con dichas personas y por un aislamiento incluso dentro de los espacios cotidianos, lo que evidentemente no ayuda nada a que mejore la percepción, pero por lo menos espero que no la empeore.
Llevo unas semanas intentando retornar al ritmo de trabajo, poco he logrado, pero es imperioso que me ponga al corriente con los pendientes, ése será mi único objetivo, pero no se me borra de la mente que este aislamiento no me agrada, sin embargo, en este punto me resulta muy difícil acercarme a quienes creo que podrían brindarme afecto. Lo que sí puedo hacer, es escribir con toda honestidad este mensaje, que envío al mundo con el riesgo de que sea leído por alguien que pueda usarlo en mi contra o que haga un intento de burla o de afectación, sólo por el gusto de hacerlo, como tantas veces ocurre en los espacios virtuales.
Sin embargo, quisiera aún creer en el ser humano, en su capacidad de afecto, en su capacidad de realizar acciones empáticas, en su amor por el otro. Es un riesgo, pero prefiero correrlo, pues este mensaje sirve, por lo menos, como una catarsis personal, como una manifestación honesta de mi consciencia existencial.
Si me lees, te deseo lo mejor, espero que así lo hagas tú también, pues el mundo social sólo puede avanzar cuando alguien logra sentir lo que siente el otro, como lo propio, cuando un ser humano le puede mostrar a otro que la soledad que siente, no es más que una parte de la realidad (por eso me afecta lo que diga el otro sobre mí, aunque todos afirmen con tanta certeza que eso no debe importar, yo creo que hay un grado en el que sí debe de importar, pero que resulta incorrecto brindarle una importancia mayor a ese grado, lo que me falta es conocer el rango de gradación correcto).
En fin, he dicho, creo, de la forma más calma, honesta y menos injusta que puedo, todo lo que es mi vida en los días que corren. Resulta curioso cómo la percepción de los otros sobre mí siempre resulta diferente a mi percepción. Me han definido como alguien muy sociable, muy osado, muy coqueto, con todo lo que eso implica de manera negativa, y ninguna de esas características las veo en mí, por más que intento ponerme en el lugar del otro, no me veo de esta forma. Ahora, la percepción nueva (también negativa) es la de alguien problemático y agresivo, alguien de quien debes alejarte y pues no, no sé qué tan agresivo o problemático puedo ser, sin duda lo he sido en cierto grado durante este periodo, por la frustración, pero no creo que sea una característica tan dominante en mí como lo depresivo, lo exageradamente sensible, lo innecesariamente academicista en todas mis interacciones sociales (y, por qué no decirlo, lo siempre atento a intentar ayudar y comprender al otro), pero estas características no aparecen en las descripciones ajenas. En fin, la percepción es así y no me queda más que aceptarlo, aunque me afecte.
Tal vez no publique este post, quizá lo publique y lo borre después, como lo he hecho con tantos otros, quizá lo publique y la ausencia de respuestas me afecte, no lo sé, no podré saberlo. Mientras escribía, recordé postulados de Nietzsche, de Fromm, de Shödinger, de Sartre; recordé obras como El extranjero, 1Q84, El lobo estepario, La nausea, Fausto y me reía mientras pensaba en cómo referibles, así que decidí poner este corolario de referencias ambiguas, como una mera curiosidad.
Querido lector, lee, piensa y busca la empatía, ¿quién sabe?, quizá encuentres elementos para comprender a alguien como yo en tu contexto, o a mí mismo, quizá te burles, quizá tantas cosas. Por ahora me despido de ti, para regresar a buscar la comprensión del concepto de différance, para escribir sobre maestros rurales, para corregir poemas que por ahora son arrítmicos, quizá escribir esto que lees, sólo cumpla esa función tan llana; la de hacer que regrese al camino de los textos que por ahora no se dejan escribir.