27 de febrero de 2012

Sobre la otredad y la soledad

Es difícil escribir cuando la motivación no aparece, ¿será un capricho de las musas? No lo creo, es disciplina, porque las costumbres (como la de trabajar constantemente) no cambian con los estados de ánimo, o por lo menos eso creo, pero no lo sé, pues no hay muchas costumbres arraigadas en mi personalidad (cantar, escribir literatura o canciones, escribir textos académicos, escribir en las Redes Sociales, que son las acciones más cotidianas en mi vida, se me presentan en forma de imperiosas necesidades, no como costumbres o como acciones de disciplina). Desde hace meses, me ha sido prácticamente imposible hacerlo, así, mi tesis de doctorado y mis proyectos de cursos o de creación literaria están estancados y requieren salir de ese estancamiento, porque hay que cumplir plazos y continuar procesos, pero no, me resulta imposible hacerlo, así, paso horas muertas frente a la pantalla perdiendo el tiempo.
     ¿A dónde se va todo ese tiempo? Por desgracia, se ha ido a un exceso de manifestaciones emocionales de mi estado de ánimo, manifestaciones que muchas veces me han traído problemas, por esa razón decidí callar en los espacios en Internet, lo he hecho desde hace casi un mes y hasta el momento en el que este post sea publicado. Los problemas mayores que me han acontecido, tienen que ver con mis muy pocas relaciones personales. Desde hace medio año, prácticamente he desaparecido de los espacios de interacción social que acostumbraba frecuentar, así también, me he alejado de las personas que configuraban mi cotidianidad.
     Todos estos hechos están relacionados, evidentemente; el exceso de manifestaciones que mencioné, corresponde a una profunda tristeza que me llena desde hace tiempo. Comencé manifestando a quienes creía que eran los destinatarios adecuados que me sentía solo y triste, pero esos destinatarios no respondieron; ahora bien, lo público de estos espacios tiene riesgos, pues otros destinatarios sí leyeron esos mensajes y muchos de ellos no me conocen en lo personal, por lo que la imagen que se forjaron de mí, es sólo la de esos mensajes (lo que evidentemente es un sesgo). Algunos de estos lectores, en todo su derecho, han realizado juicios sobre mí; hasta ahí todo resulta como suele ser en la vida cibernética, el problema es mi poca capacidad de recepción de los juicios negativos, pues al haberme enterado de muchos de ellos, mi ánimo ha decaído más (sobre todo, porque no recuerdo haberme enterado de algún juicio positivo o por lo menos empático con mi estado de ánimo).
     Por lo anterior, mi discurso se tornó más agresivo, mis manifestaciones públicas se convirtieron en quejas de abandono de quienes considero cercanos, pues ninguno de ellos apareció en mis pesquisas de ayuda, quizá porque no me leyeron, quizá por hartazgo de tener en su vida a alguien que se queja tanto, quizá por simple desinterés o quizá, incluso, por estar concentrados en su propia vida. En ese punto, decidí callar, y así lo he hecho, hasta ahora.
     Todos estos meses están plagados de un sentimiento de soledad, de abandono (seguramente injusto, pero innegable), y tras mi desaparición, he tratado de buscar el apoyo de unas muy contadas personas, que parecen intentar apoyarme con palabras de aliento, pero también parece que no se sienten en capacidad de hacer más que darme esas palabras (sé que debo agradecerlas, pero no puedo evitar sentir que me gustaría tener algo más que regaños y consejos) y me he convertido en un ser que les exige, por lo que les represento ahora una carga por no dejarme solo.
     Aunado a lo anterior, por razones lógicas, he convivido en espacios imposibles de evitar, con personas nuevas y en algunas ocasiones esos espacios se han vuelto cotidianos. Pronto me di cuenta de que todas las personas con las que interactúo en dichos espacios, me rechazaban; esto se volvió difícil por el proceso anterior y me afectó mucho darme cuenta de la percepción tan negativa que se tenía de mí por parte de las personas que recién me estaban conociendo. No he sabido como enfrentar eso, así que he optado por la discreción, por evitar interactuar mucho con dichas personas y por un aislamiento incluso dentro de los espacios cotidianos, lo que evidentemente no ayuda nada a que mejore la percepción, pero por lo menos espero que no la empeore.  
     Llevo unas semanas intentando retornar al ritmo de trabajo, poco he logrado, pero es imperioso que me ponga al corriente con los pendientes, ése será mi único objetivo, pero no se me borra de la mente que este aislamiento no me agrada, sin embargo, en este punto me resulta muy difícil acercarme a quienes creo que podrían brindarme afecto. Lo que sí puedo hacer, es escribir con toda honestidad este mensaje, que envío al  mundo con el riesgo de que sea leído por alguien que pueda usarlo en mi contra o que haga un intento de burla o de afectación, sólo por el gusto de hacerlo, como tantas veces ocurre en los espacios virtuales.
     Sin embargo, quisiera aún creer en el ser humano, en su capacidad de afecto, en su capacidad de realizar acciones empáticas, en su amor por el otro. Es un riesgo, pero prefiero correrlo, pues este mensaje sirve, por lo menos, como una catarsis personal, como una manifestación honesta de mi consciencia existencial.
     Si me lees, te deseo lo mejor, espero que así lo hagas tú también, pues el mundo social sólo puede avanzar cuando alguien logra sentir lo que siente el otro, como lo propio, cuando un ser humano le puede mostrar a otro que la soledad que siente, no es más que una parte de la realidad (por eso me afecta lo que diga el otro sobre mí, aunque todos afirmen con tanta certeza que eso no debe importar, yo creo que hay un grado en el que sí debe de importar, pero que resulta incorrecto brindarle una importancia mayor a ese grado, lo que me falta es conocer el rango de gradación correcto).
     En fin, he dicho, creo, de la forma más calma, honesta y menos injusta que puedo, todo lo que es mi vida en los días que corren. Resulta curioso cómo la percepción de los otros sobre mí siempre resulta diferente a mi percepción. Me han definido como alguien muy sociable, muy osado, muy coqueto, con todo lo que eso implica de manera negativa, y ninguna de esas características las veo en mí, por más que intento ponerme en el lugar del otro, no me veo de esta forma. Ahora, la percepción nueva (también negativa) es la de alguien problemático y agresivo, alguien de quien debes alejarte y pues no, no sé qué tan agresivo o problemático puedo ser, sin duda lo he sido en cierto grado durante este periodo, por la frustración, pero no creo que sea una característica tan dominante en mí como lo depresivo, lo exageradamente sensible, lo innecesariamente academicista en todas mis interacciones sociales (y, por qué no decirlo, lo siempre atento a intentar ayudar y comprender al otro), pero estas características no aparecen en las descripciones ajenas. En fin, la percepción es así y no me queda más que aceptarlo, aunque me afecte.
     Tal vez no publique este post, quizá lo publique y lo borre después, como lo he hecho con tantos otros, quizá lo publique y la ausencia de respuestas me afecte, no lo sé, no podré saberlo. Mientras escribía, recordé postulados de Nietzsche, de Fromm, de Shödinger, de Sartre; recordé obras como El extranjero, 1Q84, El lobo estepario, La nausea, Fausto y me reía mientras pensaba en cómo referibles, así que decidí poner este corolario de referencias ambiguas, como una mera curiosidad.
     Querido lector, lee, piensa y busca la empatía, ¿quién sabe?, quizá encuentres elementos para comprender a alguien como yo en tu contexto, o a mí mismo, quizá te burles, quizá tantas cosas. Por ahora me despido de ti, para regresar a buscar la comprensión del concepto de différance, para escribir sobre maestros rurales, para corregir poemas que por ahora son arrítmicos, quizá escribir esto que lees, sólo cumpla esa función tan llana; la de hacer que regrese al camino de los textos que por ahora no se dejan escribir.

30 de noviembre de 2011

Respeto para la cultura en San Luis Potosí

Desde que comencé publicando poemas y cuentos, cantando en donde me dejaban, participando en espacios de reflexión y diálogo en San Luis Potosí, hace más de una década, me habían dicho que el medio cultural local estaba viciado por envidias, agresiones y descalificaciones. He estado al margen de esas prácticas y seguiré estándolo, pero tras tantos años, veo que por desgracia la calificación del trabajo profesional de los creadores que se da por sus colegas, siempre está viciada por querellas personales. Aquellas advertencias de la juventud eran ciertas, aquellos enconos son más fuertes de lo que me decían en la juventud, incluso he sido descalificado por quien no conoce mi trabajo, sobre todo desde el medio periodístico, que a veces cree tener una autoridad moral que no se ha ganado, pero eso no me importa, aunque así sea, bien que mal significa que algo les dejó mi presencia en su vida, que cada quien lo tome como quiera. Yo creo que todo esto es una falta de respeto al trabajo propio y a al trabajo de los otros, yo nomás apunto aquí, en un espacio meramente lúdico y personal, que mejor deberíamos trabajar en beneficio de las manifestaciones culturales en nuestra entidad y también debo apuntar que conozco a muchos, muchos, que realmente trabajan sin meterse en esos embrollos, que les molesta como a mí, y que, a diferencia de mí, prefieren callar para evitar conflictos, y hacen bien. Mejor trabajemos colegas en mejorarnos a nosotros mismos, a pesar de quienes dicen dirigir las instituciones, que una mala administración no nos frene para aportar algo a nuestro estado y que si ven que un colega suyo es tan malo como ustedes dicen o creen, mejor le señalen las posibilidades de mejorar que tiene, aunque no parezca tener ninguna posibilidad de hacerlo, hay quienes nos dan sorpresas con su trabajo y su dedicación. Eso será una verdadera señal de respeto pra la cultura en San Luis Potosí. Mucha luz y abrazos para ti que lees, incluso para quien no quiera brindarlo de regreso.

6 de agosto de 2011

27 de mayo de 2011

Intentará acelerar el desenlace

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un seguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

26 de mayo de 2011

Me va la vida en ello, Luis Eduardo Aute

Me va la vida en ello
Luis Eduardo Aute

Cierto que huí de los fastos y los oropeles
y que jamás puse en venta ninguna quimera,
siempre evité ser un súbdito de los laureles
porque vivir era un vértigo y no una carrera.

Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
dímelo…
me va la vida en ello.

Cierto que no prescindí de ningún laberinto
que amenazara con un callejón sin salida
ante otro “más de lo mismo” creí en lo distinto
porque vivir era búsqueda y no una guarida.

Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
dímelo…
me va la vida en ello.

Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio
quise quemarla deprisa jugando con fuego
y me abrasé defendiendo mi propio criterio
porque vivir era más que unas reglas en juego.

Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
dímelo…
me va la vida en ello.

Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
dímelo…
me va la vida en ello.

dímelo…

Nadie lee mi Blog...

... y no me importa.

24 de mayo de 2011

Hoy...

... estoy hasta la madre de acumular distancias y rechazos.

22 de abril de 2011

Mi primera muerte

Una noche descubrí que las tuberías eran muy ruidosas. Esa noche, una de las primeras en las que me recuerdo insomne, el silencio lo inundaba todo, un temor calmo me llenaba y en la casa sólo estábamos yo y algunos bichos nocturnos. Esa noche mis padres salieron al sepelio de mi abuela, dejándome solo, a los nueve años, temiendo, con certeza, que nunca más podría verla, que ya no bebería su chocolate, que no me enseñaría ninguna manualidad más, que dejaría de contarme historias terroríficas y que ya no volvería a aleccionarme sobre la vida. No lloraba, sólo pensaba. Sentí su presencia calma, pensé en fantasmas y no se parecía a eso, los ruidos del agua fluyendo encapsulada en cobre me sacaron del trance y me dediqué por largo rato a averiguar, a través del ruido, por dónde corría el agua entre los muros de mi habitación. Tras varias horas, regresé al trance de pensar en mi abuela y muy pronto la idea de la muerte me conmovió. Ella era la primera persona querida que se me moría y aunque aún la extraño, nunca lamenté su muerte, nunca he sentido temor o coraje por ella. Tal vez por eso abrazo a la muerte sin exabruptos como los que le hago a la vida, quizá por ello me es tan natural hablar de mi muerte, de las de quienes quiero y eso parece afectarles demasiado a muchos, les afecta la naturalidad de la muerte que nos espera sin dudas y que tras llegar no hace peor al mundo, son, a veces, las circunstancias de la muerte las que cambian este mundo, pero la muerte en sí misma no lo modifica, por ello espero morir pronto, como todos los que aún no lo hacemos, espero llegar a ese momento impostergable, me agrada pensar en cómo será y me complacería mucho hacer que sea mi decisión la que me lleve a él.

9 de marzo de 2011

22 de febrero de 2011

Si la ves - Franco de Vita


Hace poco tiempo, regresaba de un breve viaje, en el autobús pusieron una vez más un par de películas que he visto hasta el hartazgo, así que decidí buscar música en las opciones de mi tablero del asiento. Muchas rolas pasaron, entre ellas ésta, que escuché por primera vez justo ahí, sobre la Carretera 57, a bordo de un Primera Plus, ya en la zona urbana de San Luis Potosí (recuerdo cada detalle, cada reflejo en la ventanilla, cada edificio: fueron momentos estúpidamente románticos). Me sentí atrapado, porque supe desde entonces que dedicaré esta canción en algún momento, y ya sé a quien, lo supe desde el primer momento.